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Esencia afro 

el arte 

de trenzar identidad 

Valentina Gongora 

Cuando se habla de trenzas, muchas personas piensan solo en estética o moda. Pero para Alejandra Quiñones, con 22 años, trenzar es un acto de resistencia, de sanación y de amor propio. Su salón de belleza, Esencia Afro, no es solo un lugar para peinar, es un espacio donde el cabello afro se celebra y se protege, y donde cada peinado cuenta una historia.

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Alejandra Quiñones es emprendedora, trenzadora y soñadora. Desde muy niña vivió en carne propia la presión de una sociedad que no comprendía ni valoraba su cabello. “Tenía muchos conflictos porque me hicieron creer que mi cabello era un problema”, recuerda. La opresión venía no solo desde afuera, sino también desde adentro. Como muchas niñas afro, aprendió a rechazar su textura natural, y con ello, parte de su identidad. Pero con el tiempo, ese rechazo se transformó en reconciliación. Comenzó un proceso personal de aceptación que la llevó a experimentar, cuidar y finalmente amar su cabello. Así nacieron sus primeras trenzas, primero como protección tras un proceso dañino de alisado, y luego como una expresión cultural profunda. Fue allí donde floreció Esencia Afro, un nombre que –como ella misma cuenta– se le reveló en un sueño y que hoy es el reflejo de su pasión y propósito.

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Trenzar para sanar, trenzar para resistir

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Más que un salón, Esencia Afro es un lugar donde se honra la ancestralidad y se recupera la historia que ha sido silenciada por siglos. En cada trenza hay conocimiento, hay memoria, hay poder. Alejandra no sólo teje cabellos, también educa. Para ella, trenzar no puede ser un acto vacío, sin conciencia del significado que tiene. Por eso, en sus redes sociales y en el espacio físico del salón, siempre busca compartir el valor cultural de los peinados afro protectores.

Una de las herramientas más bonitas que ha creado son las tarjetas descriptivas de cada peinado: allí se encuentra su historia, sus ventajas, cómo cuidarlo, e incluso el objetivo que puede cumplir según las necesidades de cada persona. “A veces me preguntan por qué hago esto, y yo siempre les digo: con mis peinados te cuento una historia”.

Está muy clara la diferencia entre apreciación y apropiación cultural. Esencia Afro recibe a personas afro y no afro, pero siempre desde el respeto. Antes de trenzar, siempre pregunta por qué lo hacen. “Cuando alguien se sienta en mi silla, quiero que entienda lo que se está llevando en la cabeza, porque esto es más que moda”.

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Pasión, resistencia y poder, el legado del cabello afro

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Como toda emprendedora, ha tenido desafíos, pero su mayor reto ha sido construir un equipo de trabajo que comparta su pasión. “La gente puede venir por dinero, pero si no sienten esto como algo propio, no funciona”. Sin embargo, Esencia Afro ha sido bien recibida y ha logrado convertirse en un lugar de acogida, sobre todo para personas negras que no siempre encuentran espacios seguros y cómodos en una ciudad como Bogotá.

Su lucha más profunda, que sigue siendo interna. “Durante muchos años me sentí poco atractiva”, confiesa. Para ella, las trenzas han sido su forma de recuperar la feminidad y la autoestima. “Es mi superpoder”, dice entre risas, pero con una seguridad que contagia. También ha compartido su saber enseñando a otras personas, incluso a mujeres blancas, demostrando que la cultura afro se puede enseñar, siempre desde el respeto y la intención correcta.

Al preguntarle cómo definiría la esencia del cabello afro, responde sin dudar: resistencia, seguridad y poder. Y es que su trabajo es eso mismo: un acto de resistencia contra el racismo, un canal de seguridad para quienes no se sienten cómodas en su piel, y un recordatorio del poder que hay en nuestras raíces.

En un mundo que aún ve el cabello afro como un problema, mujeres como Alejandra lo transforman en arte, en orgullo, en símbolo de lucha. Porque en cada trenza hay una historia, y en Esencia Afro, esas historias se entrelazan con el amor. Porque cada textura, cada hebra, cada patrón es una historia de lucha, de amor propio y de identidad. Y eso, en Esencia Afro, se trenza con orgullo.

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 Un cierre entre hilos de memoria y resistencia

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La historia de Alejandra Quiñones no es solo la de una mujer que trenza cabellos; es la de una lideresa que ha decidido trenzar vidas, memorias y futuros. Su trabajo en Esencia Afro ha demostrado que los espacios de belleza pueden convertirse en escenarios de transformación social, donde el amor propio, la ancestralidad y la resistencia dialogan en cada nudo, en cada diseño, en cada conversación.

En un país como Colombia, donde el racismo estructural persiste y la belleza negra aún lucha por su lugar digno, mujeres como Alejandra abren caminos. Su salón no solo responde a una necesidad estética, sino a una urgencia política: recuperar lo que nos han querido arrebatar, reconciliarnos con nuestras raíces y abrazar la diversidad como parte esencial de nuestra identidad.

Lo que sucede entre las paredes de Esencia Afro trasciende lo tangible. Allí se construyen redes afectivas, se sanan heridas heredadas y se siembra orgullo en las generaciones que vienen. Quiñones ha comprendido que el cabello afro no es un problema a resolver, sino una herencia que cuidar. Que trenzar no es solo técnica, sino arte y espiritualidad. Que cada cabeza trenzada es un grito de libertad, un poema visual, una declaración de existencia.

Por eso, hablar de Alejandra Quiñones es hablar del poder de las mujeres negras, de su capacidad para sostener comunidades, para dignificar lo negado, para crear desde la raíz. Ella lo hace con sus manos, con su historia, con su voz firme y su mirada tierna. Y al hacerlo, nos recuerda que resistir también puede ser hermoso.

Porque trenzar, en sus manos, es amar. Es honrar la historia. Y, sobre todo, es sembrar futuro.

Las opiniones aquí expresadas por los autores no representan la visión o ideología de la Universidad Externado de Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.

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