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Sembrando identidad, resistiendo al olvido desde las aulas

Ashley Tenza

El Semillero Afro, una iniciativa escolar en Bogotá, busca fortalecer la identidad cultural de estudiantes afrodescendientes a través de la educación, el arte y la memoria.

 

Creado en 2022 en el colegio Federico García Lorca, el Semillero Afro es una propuesta pedagógica y cultural impulsada por jóvenes que se cansaron de ver cómo se perdía la identidad afro en las aulas. Con talleres vivenciales, danzas, juegos tradicionales, teatro y rescate de saberes ancestrales, el semillero promueve el reconocimiento y la valoración de las comunidades negras, afro, raizales y palenqueras en la educación pública. Más que un espacio de formación, es un acto de resistencia que busca fortalecer la identidad afrocolombiana desde las aulas. Esta entrevista recoge la voz de uno de sus fundadores, quien cuenta cómo nació la iniciativa, los retos enfrentados y el legado que desean dejar en las nuevas generaciones.

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¿Qué lo motivó a crear este semillero afro?


Me motivó el mirar que en el colegio Federico García Lorca los estudiantes afro y negros estaban perdiendo su identidad.

¿Cuándo y cómo nació la idea de formar esta organización?


La idea nace en 2021, pero se logra en 2022, el 26 de enero. Fue mediante una reunión con Daniela Benítez y Carol Díaz, buscando fomentar la identidad afro en el colegio.

¿Cuál es el principal objetivo del semillero?


Buscamos acercarnos a la cátedra de estudios afrocolombianos. Esta busca que en los colegios públicos del distrito los estudiantes afro tengan un espacio dentro de las clases donde se puedan sentir identificados y donde la cultura afro sea valorada.

¿Qué tipo de actividades o proyectos desarrolla el semillero?


Realizamos juegos tradicionales, la uranbam (una forma de compartir étnicamente), y actividades como las azoteas, que representan la cosmovisión de las comunidades negras del Pacífico sur y norte. También conmemoramos fechas significativas, como mayo, mes de la lengua africana en Colombia.

¿A qué población está dirigido y por qué?


Estos talleres van dirigidos a toda la población, pero con un énfasis especial en fortalecer a las comunidades negras, afro, raizales y palenqueras.

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¿De qué manera el semillero contribuye al fortalecimiento de la identidad afrocolombiana?


Creemos que, si logramos que las semillas del futuro cambien su mentalidad racista, ayudamos a que el racismo y la discriminación disminuyan en el país. Pero también fortalecemos la identidad afrocolombiana al crear un espacio donde los estudiantes se reconectan con sus raíces, valoran su historia y se sienten orgullosos de su herencia. A través de actividades culturales y pedagógicas, sembramos conciencia, respeto y sentido de pertenencia en cada niño y joven que participa, sin importar su origen.

¿Cómo integran saberes ancestrales o manifestaciones culturales afro en sus actividades?


Eso se hace a través de talleres vivenciales dictados en los colegios. Usamos la danza, el teatro y la música para que, tanto estudiantes afro como no afro, vivan cómo era la vida afro antes de llegar a Bogotá y conozcan su historia.

¿Cuál considera que es el papel de los jóvenes afro en la preservación de su cultura?


Creo que debe ser escuchar a las matronas, a los mayores, porque ellos son quienes conservan la tradición. También, desde el afro futurismo, que es cómo las comunidades afro nos vemos en el futuro. Uniendo la tradición con el afro futurismo, podemos lograr grandes cosas.

¿Cuáles han sido los principales retos al dirigir esta organización?


Uno de los retos más grandes ha sido hablar con rectores y hacerles ver que el racismo y la discriminación racial en Bogotá son reales, que no es un invento. Otro reto ha sido cambiar la mentalidad de los jóvenes afro para que se apropien de su cultura, y la de los mestizos para que no discriminen.

¿Cómo ha enfrentado situaciones de discriminación o falta de apoyo institucional?


La institucionalidad es bastante racista y hay falta de apoyo. Lo hemos enfrentado con nuestros propios emprendimientos juveniles desde Arambeu Sauà para sostener económicamente la organización y no depender de las instituciones.

¿Qué ha aprendido personalmente en este proceso como fundador y líder?


He aprendido que el que persevera alcanza. Ha sido un proceso duro, sentir la discriminación, sentir que a veces se cierran las puertas. Pero después ves jóvenes que entran a la universidad porque conocieron sus derechos, y eso te da fuerzas. También he aprendido que las futuras generaciones afro deben dirigir el país.

¿Qué mensaje les daría a otras personas afrocolombianas que quieren liderar iniciativas similares?


El mensaje sería recordar dos filosofías africanas importantes. La primera es Sankofa, que significa volver a la raíz, mirar al presente sin olvidar de dónde venimos. La segunda es Ubuntu, que significa "yo soy porque nosotros somos". Cuando entendemos que como poblaciones afro somos uno, eso nos motiva a seguir adelante y avanzar como sociedad.

Sembrar identidad no es solo una metáfora, es una acción urgente. Desde las aulas del colegio Federico García Lorca, este grupo de jóvenes afrocolombianos ha demostrado que la resistencia también se escribe con tizas, se canta con tambores y se vive en comunidad. El Semillero Afro es un acto de amor y memoria, un llamado a las instituciones para transformar la educación desde la diversidad y el reconocimiento. Porque cuando los estudiantes se ven reflejados en sus clases, en sus docentes y en sus contenidos, no solo aprenden: también florecen. Y en cada uno de ellos germina una semilla de justicia, orgullo y pertenencia que nos acerca a un país más igualitario, más consciente y más afrocolombiano.

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Las opiniones aquí expresadas por los autores no representan la visión o ideología de la Universidad Externado de Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.

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