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MARICA NEGRA

RESISTENCIAS DE LA

DEL PUEBLO

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Desde su trinchera antirracista y feminista negra habla sobre la urgencia de desmontar los sistemas de opresión, la hipersexualidad de los cuerpos negros, el racismo estructural y la idea de formar una comunidad desde el amor. Cada palabra que dice es parte de una grieta por donde entra la historia, la memoria y dignidad de quienes junto a ella han sido históricamente negadas 

 

Coco también habla de las transiciones, de aquella que rompen los moldes impuesto por lo binario, por lo cisnormativo y por la misoginia que atraviesa a las mujeres negras. “Fue un proceso de transición no solamente físico o mental, sino también espiritual —cuenta—. Darme lugar como una mujer negra que nunca se reconoció como cisnormativa, a pesar de que se lo intentó inculcar o imponer.”

Nombrarse dentro la comunidad LGBTIQ+ es romper con esa idea tradicional de lo que es ser mujer negra “A veces se pretende que transicionar solo puede hacerse desde lo binario, desde lo cisnormativo. Pero mi tránsito ha sido caótico, lleno de preguntas.

 

¿Qué se espera de una persona que transita? ¿Por qué debemos encajar en esas energías masculinas o femeninas si realmente no existen, si son solo roles de género impuestos para encajar socialmente?”

Considera que lo estable como el género, la identidad, incluso el cuerpo pueden ser transitorios “La transición no es estática. Ni la sexualidad, ni el género, ni nuestras ideas lo son. Lo único radical en la vida es la memoria.”

No habla de sí misma como un ser aislado, sino desde una colectividad, desde la historia que nombra sin miedo alguno.

 

“Las opresiones no se viven individualmente. Por eso, la identidad tampoco puede ser completamente individual. Se construye con lo que uno decide, sí, pero también con lo que colectivamente somos, soñamos y resistimos”.

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Ni blanca, ni hegemónica, ni callada

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Coco como muchas mujeres negras, comprende que su existencia va marcada de la interseccional, ese cruce entre opresiones que como lo explica Kimberlé Crenshaw (abogada especializada en el campo de la teoría crítica de la raza) generan una experiencia única de subordinación. Su vivencia no puede entenderse dese una solo forma de discriminación: Es la transición en las fronteras del racismo, el machismo, el clasismo y la lgbtifobia. 

 

“A veces se pretende que las mujeres negras encajemos en un molde que no fue hecho para nosotras. Un molde racista, misógino, clasista”. Coco no pretende encajar, su camino ha estado lleno de cuestionamientos. 

Afirma que ser mujer negra también es una ruptura constante, una ruptura frente a los estereotipos históricamente impuestos a las mujeres negras, a la idea que el ser la mujer negra socialmente aceptada, es la mujer sujeta a la explotación. “Una ruptura frente a las expectativas impuestas con esa feminidad hegemónica que siempre ha tenido la piel blanca”.

Habla con convicción de lo que es habitar en un cuerpo que también es un territorio: 

“Aunque es mío, también tiene una historia, una memoria que ha sido cultivada y es transitoria”. Para Coco estas transiciones son procesos cambiantes, al igual que el género y la sexualidad. Lo único radical es la memoria. 

                                  

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Racismo disfrazado: el estereotipo como forma de control

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Los estereotipos asociados a las mujeres negras con la fuerza física, la objetivización o hasta incluso la servidumbre, tienen raíces coloniales profundas. Estas son construcciones sociales que han servido históricamente para justificar jerarquías sociales y de género.

 

La antropóloga Ochy Curiel portavoz del feminismo autónomo, lésbico, antirracista y decolonial, explica que el racismo no actúa solo, sino que se entreteje con la sexualidad para sostener estructuras coloniales que, aunque cambian de forma, siguen operando con la misma intención. 

“Persisten todos”, dice Coco sin rodeos, refiriéndose a la cantidad de estereotipos que persiguen a las mujeres negras. “Porque cuando te deshumanizan, te quitan todo, incluso el derecho a imaginarte fuera del estereotipo. Nos ligan a una acción, a un cuerpo que sirve, que corre, que baila. Pero no nos piensan, no nos sueñan.”

Habla con firmeza de cómo esas narrativas continúan vivas, disfrazadas de humor, de tradición, de normalidad. En sus palabras, el mito de la mujer negra fuerte y la hipersexualización no han desaparecido, solo se han transformado. “Dicen que no es racista, que es gracioso. Pero detrás de eso hay siglos de esclavización, de ciencia, religión y derecho justificando por qué debían oprimirnos. Esos discursos se quedaron impregnados”.

 

Hizo un breve silencio para poder asimilar y continúo diciendo que romper con todo esto no solo es resistir y el acto de ser antirracista es incomodar, cuestionar y decir no, porque el racismo muchas veces no se grita, pero si se disfraza.

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El Feminismo negro no es lo mismo

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“Sí soy feminista. Pero ojo: soy feminista negra. Clave esa aclaración. No es lo mismo.”

Con esta afirmación Coco marca una diferencia fundamental. Su feminismo no es una rama del feminismo hegemónico, es una respuesta crítica que surge del cuerpo, de la historia y la exclusión. Muchas pensadoras negras como ella, cuestionan el feminismo blanco y los exponen en sus contradicciones. Autoras como Bell Hooks —referente imprescindible del feminismo negro— señalaron cómo las luchas feministas dominantes invisibilizan a quienes no son blancas, de clase media o heterosexuales. En su obra Ain’t I a Woman?, Hooks deja claro que no hay verdadera emancipación sin interseccionalidad, sin reconocer cómo se entrelazan el racismo, el patriarcado, el clasismo y la homofobia. No es posible hablar de igualdad o libertad para todas las personas si no se reconoce que las opresiones no actúan por separado. 

 

“El feminismo negro no es una variación del feminismo blanco. Es otra cosa. Surge porque el feminismo blanco no nos nombraba, no nos incluía. Cuando las mujeres blancas luchaban por el sufragio, lo hacían por ellas, no por todas. Querían la liberación de la mujer blanca de clase alta, no de las negras, no de las empobrecidas”.

 

Coco lo sabe por experiencia propia, explica que el feminismo blanco se centra exclusivamente en el género, pero deja a un lado a las mujeres negras, a las pobres, a las queer y a todas aquellas que existen en la intersección de múltiples formas de opresión.

 

Su tono se endurece con una rabia consistente, aquella que nace del desengaño y la memoria 

 

—No necesitamos que nos salven. No somos proyectos de redención. Lo que necesitamos es que entiendan su lugar, su privilegio, y que cedan espacio. Que reconozcan que el feminismo blanco ha gozado de muchas ventajas. Las escuchan más, las contratan más, las respetan más, simplemente por ser blancas. Aunque estén empobrecidas, siguen teniendo un privilegio racial que nosotras no.

—¿Entonces el feminismo blanco sigue oprimiendo?

—Claro. Y muchas ni siquiera lo ven. No se trata de competir con quién sufre más. Como dice Audre Lorde: “Las herramientas del amo no desmontarán la casa del amo”. No puedes luchar por la libertad usando el racismo. Y eso es lo que hace el feminismo blanco muchas veces. Si de verdad queremos emanciparnos, hay que desmontar todo el sistema: racismo, patriarcado, clasismo, capitalismo. Todo.

 

El sol de la tarde comenzaba a colarse por las ventanas, iluminando los colores vibrantes de la sala de Coco. Allí, entre telas africanas, plantas y libros subrayados, ella habló con la voz serena de quien ha encontrado sentido en su historia.

 

—Pues básicamente, yo creo que la lucha me ha salvado —dijo, acomodándose en el sofá—. La lucha a mí me ha salvado, me ha salvado, no sé… como reunirme con mujeres negras y maricas negras porque además de que me entienden, que no se trata solo eso, sino que está la idea también de cambiar conjuntamente.

 

Cuenta que tomó la decisión política de relacionarse solo con mujeres negras. No por rechazo, sino por amor propio, por construcción, por resistencia.

 

Las ideas saltaban entre la terneza y la rabia, entre la reflexión y la emoción. Coco se enfocaba en cada palabra con la autoridad de quien se ha buscado a sí misma entre grietas y ha resurgido. No hablaba desde la teoría únicamente, sino desde la piel, desde la memoria.

 

El tiempo se disolvía, como si la conversación suspendiera el reloj. En ese instante, Coco empezaba a redefinir el amor, el deseo, el género y la existencia. Hablaba del gusto como construcción social y de la belleza negra como herencia milenaria.

Las opiniones aquí expresadas por los autores no representan la visión o ideología de la Universidad Externado de Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.

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