top of page
1747404318650.png

Ser afrocolombiano va más allá de ser negro

Isabel Sofia Morales

Una mirada crítica de la historia, el racismo estructural y la lucha por el reconocimiento de la identidad afrocolombiana, que nos recuerda que no solo se trata de un término por el cual apropiarse, sino de una vivencia que ha sido marcada por siglos de resistencia y exclusión.

patron 4.0.jpg
fondo barquero.jpg
Letra L.png

La historia de la población afrodescendiente en Colombia es una gran lucha de resistencia, resiliencia y una profunda contribución a la construcción de lo que hoy entendemos como nación. Esta contribución no se limita únicamente a su participación forzada en la economía colonial por medio del trabajo esclavizado, si no que abarca dimensiones culturales, sociales, políticas y territoriales. Su origen forzado se remonta a la trata transatlántica de esclavos, en la que millones de personas fueron despojadas de sus hogares en diversos territorios africanos para luego ser trasladadas a las colonias europeas y españolas. Un secuestro que duró aproximadamente cuatro siglos legitimado por discursos religiosos que afirmaban que las almas de los africanos no eran iguales a las de los europeos, y que por ello Dios los había creado para servir como esclavos.

 

Durante la colonia, el sistema de castas impulsó la jerarquización racial que deshumaniza a las personas africanas. Términos como el negro, mulato, zambo, terceron cuarteron, quienteron, tente al aire, salto atrás, entre otras… Fueron utilizadas para clasificar a las personas según su grado de mestizaje, asociando el tono de su piel con el valor social, donde la mayor cercanía a la piel blanca se imponía como referente de belleza y una gran autoestima.

 

Todo este sistema de castas dejó huellas profundas en la autopercepción de las personas afrodescendientes, llegando a normalizar expresiones como: “mejorar la raza, dañar la raza, arreglar la raza o dañar la sangre de la familia”, conceptos heredados de la lógica colonial de "pureza de sangre", la cual solo los europeos tenían una virtud y una humanidad.

 

Según el boletín del Movimiento Nacional Afrocolombiano Cimarrón La población africana colombiana o afrocolombiana surgió desde la expedición de la Ley de libertad de los esclavos en 1851, que abolió legalmente la esclavitud y la esclavización de personas en Colombia. Los esclavos, los cimarrones y sus descendientes quedaron en el país ilegalmente por haber sido excluidos del ordenamiento jurídico republicano y del Estado de derecho, esto ocasionó que quedarán durante 70 años en un limbo político pero que, poco a poco, según los intereses políticos, se fueran integrando al proyecto de Nación desde 1852 hasta 1991. Sin embargo, como argumenta la historiadora Aurora Vergara Figueroa en su libro Afrodescendientes en las Américas, la emancipación legal no significó la igualdad real: las comunidades afro siguieron enfrentando exclusión política, económica y social durante los siglos XIX y XX.

patron 4.0.jpg

Frente a esto, a partir de las décadas de 1970 y 1980 comenzó un gran despertar político afrocolombiano, encabezado por líderes comunitarios que lucharon por el reconocimiento étnico, territorial y cultural de sus pueblos.

 

Figuras como el escritor y médico Manuel Zapata Olivella, con su obra Changó, el gran putas, narraron la historia de la diáspora africana en América y promovieron el orgullo afro desde la literatura. En el Pacífico colombiano, lideresas como María Teresa Pardo y la activista y afro femenina  Obtilia Tequia impulsaron procesos comunitarios que reivindicaron los saberes ancestrales, la identidad colectiva y la defensa del territorio.

 

Este grupo de esfuerzos culminaron en un hito fundamental: la Ley 70 de 1993, conocida también como la Ley de Comunidades Negras, resultado de las luchas afrocolombianas en el marco de la nueva Constitución Política de 1991 donde se reconoció a Colombia como un país pluriétnico y multicultural. Esta ley garantiza la participación de las comunidades negras en las decisiones que las afecten, protegió las prácticas culturales tradicionales y otorga derechos colectivos sobre sus territorios ancestrales.

 

En Colombia una persona se denomina afrodescendiente a sí misma, cuando reconoce su ascendencia africana, es decir aceptar su pertenencia a una historia y a una colectiva conectada a los pueblos africanos traídos como esclavos en la época de la colonización. Este término no solo refiere a una característica fenotípica, sino que hace referencia a una identidad cultural y étnica ligada a prácticas, saberes, tradiciones, ligadas a comunidades con raíces culturales, históricas y territoriales . Se relaciona con comunidades que conservan raíces culturales e históricas específicas, como las del Pacífico y el Caribe colombiano: comunidades negras, palenqueras y raizales, que han mantenido vivas sus memorias, sus luchas y sus formas de resistencia a lo largo de generaciones.

patron 4.0.jpg
fondo chalupa.jpg
patron 4.0.jpg

¿Por qué no cualquier persona puede denominarse afrocolombiana?

 

Denominarse afrocolombiano sin pertenecer a este es visto como una apropiación identitaria y una forma de invisibilizar las luchas que han llevado por muchos años estas comunidades. La autoidentificación como afrocolombiano no puede basarse únicamente en rasgos físicos, no basta con tener rasgos físicos afro para considerarse afro. Sin embargo aunque Hoy en día el reconocimiento étnico es un derecho constitucional protegido en Colombia desde la Constitución de 1991, esta identidad implica dimensiones sociales, culturales, históricos y políticos, las cuales constan de un Autorreconocimiento étnico, Reconocimiento comunitario, Participación en prácticas culturales y saberes afrodescendientes, Relación con los territorios ancestrales (como en el Pacífico, Caribe o comunidades palenqueras y raizales) y Compromiso con la lucha contra el racismo y por los derechos colectivos.

 

¿Diversidad o tokenismo?

 

Colombia es un país que aún no se mira en el espejo del racismo, a pesar de la profunda y larga trayectoria de una historia que nos han dejado las comunidades afrodescendientes en la construcción de la nación, hoy, más de dos siglos después de la abolición de la esclavitud, las estadísticas siguen evidenciando las desigualdades que enfrentan millones de personas afrocolombianas. En el Censo del 2005 se identificaron 4.311.757 personas como afrocolombianas lo equivalente al 10,6% de la población total, sin embargo, en el último censo de 2018 la cifra se redujo a 2.982.224, es decir solo el 6,2% de la población se reconoció como afrocolombiana, esto es contradictorio y problemático ya que puede ir desde problemas metodológicos hasta racismo estructural que conlleva la auto negación. Esta identidad no es homogénea: está compuesta por comunidades negras, raizales y palenqueras.

Sin embargo, el debido reconocimiento de la diversidad de estas comunidades en los discursos públicos no siempre se refleja en políticas reales de inclusión y de equidad. De hecho, en un reciente informe de ILEX Acción jurídica una organización liderada por abogadas, advierte que a pesar de los discursos institucionales, en sectores como la educación y la justicia persiste la invisibilización. La ausencia de datos desagregados por pertenencia étnico-racial impide identificar las brechas de acceso y calidad que afectan a estas comunidades, perpetuando el racismo institucional.

 

Entonces, ¿vivimos en una sociedad que celebra la diversidad o en un Estado que practica el tokenismo? Mientras no se garantice el derecho a existir de forma visible y estadísticamente reconocida, los avances seguirán siendo insuficientes. A esto se suma la permanencia del racismo estructural que atraviesa las instituciones, desde los sesgos en el sistema judicial y policial, hasta la educación sin enfoque étnico, pasando por los medios de comunicación y las relaciones cotidianas. Esto genera desconfianza, miedo al autorreconocimiento y temor a la estigmatización.

 

Sin el reconocimiento real de la población afrocolombiana, la construcción de una sociedad verdaderamente pluralista seguirá siendo una deuda histórica y estructural pendiente.

Las opiniones aquí expresadas por los autores no representan la visión o ideología de la Universidad Externado de Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.

bottom of page